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Atos 21 — Bíblia La Biblia de las Américas, 1997 | Gospelmais
40 versículos · La Biblia de las Américas, 1997
1Después • de separarnos de ellos, zarpamos y fuimos con rumbo directo a Cos, al • día siguiente a Rodas, y de allí a Pátara;
2y encontrando un barco que partía para Fenicia, subimos a bordo y nos hicimos a la vela.
3Cuando avistamos Chipre, dejándola a la izquierda, navegamos hacia Siria, y desembarcamos en Tiro porque la nave • debía dejar su cargamento allí.
4Después de hallar • a los discípulos, nos quedamos allí siete días, y ellos le decían a Pablo, por el Espíritu, que no fuera a Jerusalén.
5Y pasados aquellos días partimos y emprendimos nuestro viaje mientras que todos ellos, con sus mujeres e hijos, nos acompañaron hasta las afueras de la ciudad. Después de arrodillarnos y orar en la playa, nos despedimos unos de otros.
6Entonces subimos al barco y ellos regresaron a sus hogares.
7Terminado el viaje desde Tiro, llegamos a Tolemaida, y después de saludar a los hermanos, nos quedamos con ellos un día.
8Al día siguiente • partimos y llegamos a Cesarea, y entrando en la casa de Felipe, el evangelista, que era uno de los siete, nos quedamos con él.
9Este • tenía cuatro hijas doncellas que profetizaban.
10Y deteniéndonos allí varios días, descendió de Judea cierto profeta llamado Agabo,
11• quien vino a ver nos, y tomando el cinto de Pablo, se ató las manos y los pies, y dijo: Así dice el Espíritu Santo: “Así atarán los judíos en Jerusalén al dueño de este cinto, y lo entregarán en manos de los gentiles.”
12Al • escuchar esto, tanto nosotros como los que vivían allí le rogábamos que no subiera a Jerusalén.
13Entonces Pablo respondió: ¿Qué hacéis, llorando y quebrantándome el corazón? Porque • listo estoy no sólo a ser atado, sino también a morir en Jerusalén por el nombre del Señor Jesús.
14Como no • se dejaba persuadir, nos callamos, diciéndo nos : Que se haga la voluntad del Señor.
15Después • de estos días nos preparamos y comenzamos a subir hacia Jerusalén.
16Y nos acompañaron también algunos de los discípulos de Cesarea, quienes nos condujeron a Mnasón, de Chipre, un antiguo discípulo con quien deberíamos hospedarnos.
17Cuando llegamos • a Jerusalén, los hermanos nos recibieron con regocijo.
18Y al día siguiente Pablo fue con nosotros a ver a Jacobo, y todos los ancianos estaban presentes.
19Y después de saludarlos, comenzó a referirles una por una las cosas que Dios había hecho entre los gentiles mediante su ministerio.
20Y ellos, cuando lo oyeron, glorificaban a Dios y le dijeron: Hermano, ya ves cuántos miles hay entre los judíos que han creído, y todos son celosos de la ley;
21y se les ha contado acerca de ti, que enseñas a todos los judíos entre los gentiles que se aparten de Moisés, diciéndoles que no circunciden a sus hijos ni observen las tradiciones.
22Entonces, ¿qué es lo que se debe hacer ? Porque sin duda la multitud se reunirá pues oirán que has venido.
23Por tanto, haz esto que te decimos: Tenemos cuatro hombres que han hecho un voto;
24tómalos y purifícate junto con ellos, y paga sus gastos para que se rasuren la cabeza; y todos sabrán que no hay nada cierto en lo que se les ha dicho acerca de ti, sino que tú también vives ordenadamente, acatando la ley.
25Pero en cuanto a los gentiles que han creído, nosotros les hemos escrito, habiendo decidido que deben abstenerse • de lo sacrificado a los ídolos, de sangre, de lo estrangulado y de fornicación.
26Entonces Pablo tomó consigo a los hombres, y al día siguiente, purificándose junto con ellos, fue al templo, notificando de la terminación de los días de purificación, hasta que el sacrificio se ofreciera por cada uno de ellos.
27Cuando • estaban para cumplirse los siete días, los judíos de Asia, al verlo en el templo, comenzaron a incitar a todo el pueblo, y le echaron mano,
28gritando: ¡ Israelitas, ayudadnos! Este es el hombre que enseña a todos, por todas partes, contra nuestro pueblo, la ley y este lugar; además, incluso ha traído griegos al templo, y ha profanado este lugar santo.
29Pues anteriormente habían visto a Trófimo el efesio con él en la ciudad, y pensaban que Pablo lo había traído al templo.
30Se alborotó toda • la ciudad, y llegó el pueblo corriendo de todas partes; apoderándose de Pablo lo arrastraron fuera del templo, y al instante cerraron las puertas.
31Mientras procuraban • matarlo, llegó aviso al comandante de la compañía romana que toda Jerusalén estaba en confusión.
32• Inmediatamente tomó consigo algunos soldados y centuriones, y corrió hacia ellos; cuando vieron al comandante y a los soldados, dejaron de golpear a Pablo.
33Entonces el comandante llegó y lo prendió, y ordenó que lo ataran con dos cadenas; y preguntaba quién era y qué había hecho.
34Pero entre la muchedumbre unos gritaban una cosa y otros otra, y como él no pudo averiguar con certeza los hechos, debido al tumulto, ordenó que lo llevaran al cuartel.
35Cuando • llegó a las gradas, sucedió que los soldados tuvieron que cargarlo por causa de la violencia de la turba;
36porque la multitud del pueblo lo seguía, gritando: ¡Muera!
37Cuando estaban para meter a Pablo en el cuartel, dijo al comandante: ¿Puedo decirte algo • •? Y él dijo: ¿Sabes griego?
38¿Entonces tú no eres el egipcio que hace tiempo levantó una revuelta, y capitaneó los cuatro mil hombres de los asesinos al desierto?
39• Pablo respondió: Yo • • soy judío de Tarso de Cilicia, ciudadano de una ciudad no sin importancia; te suplico que me permitas hablar al pueblo.
40Cuando le concedió el permiso, Pablo, de pie sobre las gradas, hizo señal al pueblo con su mano, y cuando hubo gran silencio, les habló en el idioma hebreo, diciendo:

