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Marcos 6 — Bíblia La Biblia Textual, 3ª Edición | Gospelmais

56 versículos · La Biblia Textual, 3ª Edición

Mc 5MarcosMc 7
1Salió de allí y regresó a su tierra, y sus discípulos lo siguen.
2Llegado el sábado, comenzó a enseñar en la sinagoga. Y la mayoría se asombraba al oírlo, y decía: ¿De dónde saca éste estas cosas, y qué sabiduría es ésta que le ha sido dada? ¿Y qué significan° estos milagros° hechos por sus manos?
3¿No es éste el carpintero,° el hijo de Miriam,° y el hermano de Jacobo y de José, y de Judas y de Simón? ¿No están aquí también sus hermanas ante nosotros? Y se escandalizaban por causa de Él.
4Y Jesús les decía: No hay profeta sin honra sino en su tierra,° y entre sus parientes, y en su casa.
5Y no podía hacer allí ningún milagro,° excepto que sanó a unos pocos enfermos imponiéndoles las manos.
6Y estaba asombrado por la incredulidad de ellos; y así, recorría las aldeas de los alrededores enseñando.
7Y llama a sí a los doce, y comenzó a enviarlos de dos en dos (y les daba autoridad sobre los espíritus inmundos).
8Y les ordenó° que no llevaran nada para el° camino; sólo un bordón. Ni pan, ni bolsa, ni un cobre° en el cinto,
9calzados con sandalias. ¡Y no os vistáis con doble túnica!
10También les decía: Dondequiera que entréis en una casa, posad° en ese lugar hasta que salgáis de allí.
11Y cualquier lugar que no os acoja y no os escuchen, al salir° de allí sacudid el polvo de la planta de vuestros pies, para testimonio a ellos.°
12Y saliendo,° proclamaron que se arrepintieran,
13y echaban fuera muchos demonios, y ungían con aceite a muchos enfermos y los sanaban.°
14Y lo oyó el rey Herodes, por cuanto su nombre había llegado° a ser notorio; pero decían:° Juan el Bautista ha resucitado de entre los muertos, y por eso actúan en él los poderes°
15(pero otros decían: Es Elías; y otros decían: Es un profeta; como cualquiera de los profetas).°
16Y al oírlo Herodes, decía: Juan, a quien yo decapité, ha resucitado.°
17Porque Herodes había enviado° a prender a Juan y lo había encadenado en una prisión por causa de Herodías, la mujer de su hermano Felipe, pues se había casado° con ella.
18Porque Juan decía a Herodes: No te es lícito tener la mujer de tu hermano.°
19Y° Herodías lo aborrecía y quería matarlo, pero no podía,
20porque Herodes, sabiendo que era un varón justo y santo, temía a Juan y lo protegía, y cuando lo oía, se quedaba muy perplejo;° pero con todo, le gustaba oírlo.
21Sin embargo, llegó un día oportuno, cuando Herodes en su cumpleaños hizo un banquete a sus nobles, y a los tribunos y a los principales de Galilea,
22entró también la propia hija° de Herodías, y habiendo danzado, agradó a Herodes y a los reclinados a la mesa con él. Y el rey dijo a la muchacha: ¡Pídeme lo que quieras, y te lo daré!
23Y le juró: ¡Te daré lo que pidas, hasta la mitad de mi reino!
24Y saliendo, dijo a su madre: ¿Qué pediría? Y ella dijo: ¡La cabeza de Juan, el que bautiza!
25Y entrando de prisa ante el rey, le pidió, diciendo: ¡Dame ahora mismo la cabeza de Juan el Bautista en un trinchero!°
26El rey se entristeció, pero a causa de los juramentos y de los que estaban reclinados a la mesa, no quiso desatenderla.°
27Y enseguida envió el rey a un verdugo, y ordenó traer su cabeza.° Y yendo, lo decapitó en la prisión,
28y trajo su cabeza en un trinchero, y la dio a la muchacha, y la muchacha la dio a su madre.
29Cuando sus discípulos lo oyeron, vinieron y se llevaron su cadáver, y lo pusieron en un sepulcro.
30Los apóstoles se reúnen con Jesús y le cuentan todo cuanto habían hecho y cuanto habían enseñado.
31Y les dice: Vosotros solos, venid aparte a un lugar solitario y descansad un poco (porque eran muchos los que iban y venían,° y ni para comer tenían tiempo).
32Y se fueron en la barca a un lugar apartado y solitario.
33Pero muchos los vieron yéndose y los reconocieron. Y a pie, desde todas las ciudades, concurrieron allá y llegaron antes que ellos.°
34Al desembarcar° vio un gran gentío, y se le enternecieron las entrañas por ellos, porque eran como ovejas que no tienen pastor.° Y comenzó a enseñarles muchas cosas.
35Y llegada una hora avanzada,° se le acercaron sus discípulos, diciendo: El lugar es desierto, y ya es hora avanzada;°
36despídelos, para que vayan a las alquerías y aldeas de alrededor y compren para sí algo que comer.
37Pero Él respondiendo, les dijo: Dadles vosotros de comer. Le dicen: ¿Que vayamos° a comprar panes por doscientos denarios y les demos de comer?
38Entonces Él les dice: ¿Cuántos panes tenéis? Id y ved. Y al saberlo,° dicen: Cinco, y dos peces.
39Y les mandó recostar a todos en grupos sobre la hierba verde.
40Y se recostaron en grupos de cien y de cincuenta.
41Y tomando los cinco panes y los dos peces, alzó los ojos al cielo, los bendijo y partió los panes; y los iba dando° a los discípulos para que los pusieran delante de ellos. También repartió los dos peces para todos.
42Y todos comieron y se saciaron,
43porque de los doce cestos recogieron en abundancia trozos de pan° y de los peces.
44Y los que habían comido° eran cinco mil varones.
45Enseguida constriñó° a sus discípulos a subir a la barca, e ir delante a la otra orilla, hacia Betsaida, mientras Él despedía° a la multitud;
46y después de despedirse de ellos, fue al monte a orar.
47Llegada la noche, la barca estaba en medio del mar, y Él solo en la tierra.
48Y viéndolos fatigados de remar, porque el viento les era contrario, hacia la cuarta vigilia de la noche, llega a ellos andando° sobre el mar; e hizo ademán de pasarlos.
49Pero ellos, viéndolo caminar sobre el mar, pensaron: ¡Es un fantasma! Y gritaron,
50porque todos lo vieron y se asustaron,° pero enseguida Él habló con ellos. Les dice: ¡Tened ánimo, Yo soy, no sigáis temiendo!
51Y subió junto a ellos en la barca, y se calmó el viento; y se asombraban en gran manera,°
52pues no habían entendido lo de los panes, sino que su corazón estaba embotado.
53Acabada la travesía, llegaron a tierra en Genesaret y atracaron.
54Y cuando ellos salieron de la barca, al instante lo reconocieron,
55y recorriendo aquella región, comenzaron a llevar en catres a los enfermos,° adonde oían que Él estaba.°
56Y dondequiera que entraba, en aldeas, ciudades o alquerías, colocaban a los enfermos en las plazas, y le rogaban que al menos pudieran tocar° el borde de su manto; y cuantos lo tocaban eran sanados.
Marcos 5Marcos 7